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El barrio donde nació mi ciudad.


Fray Bentos es una ciudad eminentemente portuaria. Nació debido a su interacción con el río y gracias a las propiedades naturales de su profundo puerto natural abrigado por las barrancas de 30 millones de años de antigüedad. De hecho, esas barrancas enhiestas afrontando con su imagen la imponencia del ancho río Uruguay, desde hace más de 200 años que ven pobladores europeos sobre sus cimas. Porque antes fueron los aborígenes que recorrieron estas costas los que a sus pies dejaron los restos de modestos asentamientos.

Es de 1801 el documento más antiguo que hemos ubicado haciendo referencia a estos asentamientos. En un diario de reconocimiento fechado el 31 de octubre de ese año, se deja constancia: “Se marcó los ranchos de Fr. Bentos sobre la barranca”.

Esas propiedades de puerto profundo y abrigado, justificaban que embarcaciones lo utilizaran para guarecerse o acaso para esperar carga y descarga de mercaderías del puerto de Gualeguaychú, cuando éste fue decretado único puerto de salida de toda la producción entrerriana aunque su puerto no estaba en condiciones de recibir barcos de cierto calado.

 Ya en 1851 y hasta 1855 se registró importante movimiento portuario, deteniéndose incluso los barcos que desde 1854 comenzaron a hacer “la carrera” entre Salto y Buenos Aires, alentados por las Leyes en Argentina y Uruguay que fomentaron el tráfico fluvial. La zona de las barrancas, en tierra, comenzó también a registrar movimiento. Aparte de la actividad de los leñadores y carboneros que aprovechaban la riqueza de los montes de madera dura, en 1857 debió establecerse aquí una línea de transporte por diligencias procedente de Mercedes, para traer diariamente pasajeros que se embarcaban en los pailebotes o para continuar viaje hacia la Argentina vía Gualeguaychú.

Este movimiento era tan intenso, que motivó al Dr. Isidoro de María, Vice-Cónsul de Uruguay en Gualeguaychú desde 1852, para promover la fundación de un pueblo ahí, prioritariamente un centro de control aduanero, porque de lo contrario, los propios funcionarios aduaneros argentinos obraban como si estuviesen en su propio país y cruzaban al embarcadero de Fray Bentos a cobrar los impuestos.

SE CONCRETA LA POBLACIÓN. Esta ajetreada actividad fue notada personalmente por el comerciante José Hargain, radicado por entonces en Gualeguaychú, quien con su familia, cruzó y se radicó en 1857 sobre las barrancas, apostando a prestar servicio a los tripulantes y pasajeros de los barcos que, (según el propio Hargain) “fondeaban en un numero de setenta y tres cuando estuve ahí…”

El impulso de Hargain, más las notas y gestiones de De María reproducidas en cartas y notas periodísticas (él mismo era periodista y fundador del primer diario de Gualeguaychú), dieron su resultado y los dueños de las tierras, la familia Haedo, decidieron construir un poblado en 1857, cosa que no se concretó “por carecer de dinero para tamaña empresa”.

Finalmente, se produce la fundación tan anunciada, debido al agrupamiento de comerciantes uruguayos, alemanes e ingleses que adquirieron las tierras, donaron parte de ellas al gobierno nacional y gestaron un movimiento empresarial en el rubro inmobiliario. El 16 de abril de 1859, con el nombre de Villa Independencia, nació la población, que ya contaba desde casi dos años atrás, “la hostería de la Independencia” construida por Hargain en lo alto de la barranca, a corta distancia del amarradero.

Alrededor del desembarcadero (que era “un pequeño puerto de mar donde los barcos anclan mas cerca que en el puerto de Montevideo”, a decir del ingeniero Georg  Giebert, comenzó a gestarse la población, siguiendo el delineamiento hecho por el inteligente agrimensor inglés William Hammett, quien ya tenía preparado los planos desde 1857 cuando lo convocara la familia Haedo para la frustrada fundación.

Hammett había dejado una manzana dedicada a “plaza de frutos” justamente frente al puerto, para que sirviera de lugar de movimiento de cargas y descargas de mercaderías, operaciones con carretas y diligencias, etc. Es la actual Plaza Hargain. En su derredor se inició la construcción de casas de familia y comerciantes dedicados al movimiento portuario. Así aparecen, además de la hostería ya señalada de Hargain (ver antecedentes en “Historiografía de la Ciudad de Fray Bentos”), una posta de diligencias y hostería de Pons y Florenza y más tarde el “Gran Hotel del Universo” de Arnaud Monfort (construcción también existente hoy día, frente al edificio de Aduanas). La prensa montevideana también hacía propaganda al “Hotel del Puerto” de Vicente Fornari, ubicado en la misma zona.

Casas de habitación de familias importantes de la ciudad naciente, fueron también ubicadas en este estratégico lugar, como la hoy denominada “esquina de la proa” donde vivió la familia de don Juan de Dios Mendoza, importante ciudadano de accionar político durante la primera década de Villa Independencia. Allí se editó, el primer órgano de prensa local, “El Independiente”, de corta vida, hacia 1873. También cabe destacar la señorial casa de la familia Cánepa, cuyos dueños se dedicaron a negocios inmobiliarios, despachos de aduana, manejo de venta de pasajes en los barcos de la carrera, etc. Ubicada donde la familia Carminatti ha construido un hotel, respetando adecuadamente las líneas y valor arquitectónico de este importante elemento del patrimonio citadino.

LA PLAZA HARGAIN. Esta “plaza de frutos”, vio pasar treinta años antes de convertirse en un paseo público adecuado para tal fin. Más bien fue un terreno baldío sin ninguna utilidad, respetando la idea del agrimensor Hammett en el plano original de Villa Independencia.

Eran épocas de deficiente luminaria callejera, no obstante el puerto de madera tuviera adecuada iluminación “mejor que en los puertos de Mercedes y de Salto” (según el diario “La Prensa” de Mercedes). Un viejo comentario de la época, recordaba al lugar como nido de malvivientes donde, cierta noche, unos desconocidos llevaron a don Arnaud Monfort al descampado y amenazaban con matarle si no decía dónde escondía sus libras esterlinas. Descubierto eso y alertando a la vecindad a gritos, una hija de José Hargain, salvó al pobre comerciante de su comprometida situación.

En Julio de 1895 el Dr. Gaspar Creagh, yerno de don Santiago Lowry,  ya fallecido el fundador y benefactor de la ciudad, ofreció dinero, árboles y plantas para comenzar a mejorar la Plaza.  En Junio de 1897, se comenzaron trabajos de delineación. Se colocaron árboles y bancos, previendo habilitarla al público para el verano de 1898. Se recibió entonces una importante donación de árboles y plantas del Gerente de la Liebig, don Otto Günther, lo que se mandó comprar a un importador de Montevideo. Los bancos fueron confeccionados por el obrero Vicente Mónaco.

Para el año 1899 la plaza en ciernes ya era visitada por el público y servía de paseo alternativo de quienes concurrían a la zona del puerto a esperar los paquetes. Actuaban las bandas de “La Estrella “ y “La Unión” ofreciendo retretas. Finalmente, se produjo la inauguración oficial en el año 1900, como parte de los actos en conmemoración del arribo del siglo veinte.

En 1903, cuando llega el presidente Batlle de visita a la ciudad, se observa que ya tiene iluminación, (foto) alguna ornamentación con árboles y está ya construida la balaustrada que da a la actual calle Herrera.

Hacia 1910, se produce un cambio sustancial, debido a que toda esta zona costera, incluyendo hasta las barrancas frente al actual club Remeros, las compra la MIDDLAND, compañía que trajo el tren mediante la extensión de una línea desde Algorta. De esta forma, la costa, que era una amplia playada donde los carreros concurrían a llenar sus tanques para vender agua a la población, fue ocupada por edificaciones y Villa Independencia tuvo una pinta “más de ciudad”. Lo mismo sucede por la misma época, al finalizar la primera década del siglo XX cuando se construye el edificio para la usina eléctrica.

 

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