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El kiosco de la Plaza.

EL KIOSCO DE LA REINA

 

Un aporte al conocimiento de un verdadero símbolo de Fray Bentos.

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Durante los cien años que este monumento lleva emplazado estoicamente en el centro de la Plaza Constitución, de muchas maneras se le ha llamado: kiosco, pérgola, escenario… Pero uno solo ha sido su significado: el centro mismo del encuentro de una sociedad apegada a la tradición y que a pesar de haberla casi extraviado en el devenir del tiempo, durante décadas se mantuvo fiel a aquella idea y costumbre pueblerina de reunirse en la plaza principal con motivo de los acontecimientos trascendentes.

También otro es su significado histórico: el perenne recuerdo de una época donde Gran Bretaña, líder del comercio y la industria en el mundo, plantó sus hombres y su bandera en la zona, especialmente a través del emprendimiento agroindustrial de la Liebig´s Extract of Meat Company y del ferrocarril MIDDLAND.

Tardó cierto tiempo en comprenderse la trascendencia de este obsequio inglés al pueblo fraybentino. Debimos ingresar a una época donde los turistas, ávidos por atracciones y atractivos, nos demostraran que este monumento era algo más que el centro acogedor de multitudes congregadas por las convocatorias populares o el vínculo cada vez más difícil de sostener con la música de otros tiempos plenas de mazurcas, polkas, valses y pasodobles.

Hoy día, a cien años desde que el “kiosco” fuera allí instalado, recién hemos comenzado a desear íntimamente introducirlo con seriedad y con ahínco entre nuestros valores patrimoniales. Justamente, a ello se debe este trabajo de investigación. No queremos aquellas cosas que desconocemos. De manera que, conociendo un poco más al respecto, seguramente entenderemos la justa medida de la importancia y trascendencia que tiene este monumento para nosotros.

Pretendemos resaltar la vigencia del kiosco. Darle el real sentido de patrimonio. Es decir, comprender que, como todo elemento patrimonial, ya ha perdido la calidad de propiedad individual, para ser una propiedad colectiva. Y no solamente colectiva en el sentido de todos los uruguayos, sino, como veremos en el desarrollo de este estudio, para todos quienes desde la historia encuentran a Fray Bentos como un referente trascendental, de aquellas épocas en que éramos la “cocina del mundo”…

¿DÓNDE COMENZÓ LA HISTORIA?

“El saladero” fue la vida misma de Fray Bentos. Aún desde los años en que nos llamábamos “Villa Independencia”, nacidos bajo la égida de un grupo de comerciantes que aprovechó la importancia estratégica del puerto-atracadero de las barrancas de Fray Bentos.

El establecimiento nació y creció con la misma vehemencia de los hongos después de la lluvia. En las barrancas amarillas y enhiestas que sorprendían a los navegantes con su imponente presencia vista desde lejos, pronto comenzaron a dibujarse chimeneas y decenas de veleros entraban y salían como si fuesen abejas en su colmena, ingresando con materias primas europeas y saliendo cargados de productos elaborados en base a las riquezas de nuestra ganadería.

Pronto este vergel dio sus frutos. Como por arte de magia el mundo entero se enteró de las perspectivas de trabajo. Como lo avizoró don Augusto Hoffmann, uno de los fundadores de Fray Bentos cuando le escribía a sus familiares alemanes desde la recién nacida villa portuaria: “Esta será la gran ciudad de Sudamérica donde la gente vendrá a ganarse el pan de cada día”…

En efecto: más de sesenta países del mundo derramaron sus hombres ávidos de trabajo en estas tierras que cumplían lo que prometían y que como nunca, dejaban hacerse realidad los sueños y las palabras de “venir a hacer la América”.

La Liebig´s Company, instalada en 1865, tuvo al Ingeniero Georg Giebert como visionario. Dos años antes ya había visto con ojos futuristas cómo la riqueza impresionante en ganado vacuno podía trasmutarse en centenares de barcos por año repletos de productos de tan inverosímil variedad que sí era real la broma de aquella época: “lo único que desaprovecha la Liebig´s de las vacas… es su mugido”.

La Empresa no creció inmutable en la península a sólo tres kilómetros de la Villa. Se introdujo en su vida… le generó vida… le dio apoyo, alimento, respaldo y dinero. Además de favorecer un crecimiento inusual con los centenares de inmigrantes que llegaban principalmente desde Europa. Los alemanes del saladero, acendrados defensores de filosofía de ayuda, fraternidad y solidaridad, estaban siempre presentes en cada necesidad del pueblo: los puentes en el casi intransitable camino a Mercedes, las cadenas para rodear la plaza, la ayuda para la iglesia y para el hospital…

Cierto día de abril 1901, Fray Bentos recibió la visita de don Charles Günther, presidente del Directorio Central de la Liebig, residente en Buenos Aires. Recorrió las polvorientas calles de tosca, después de los homenajes y recepciones que le brindara la Junta Económica Administrativa.

Al cruzar la plaza, el presidente de la Junta, don Guillermo P.J.Lynch, incansable trabajador por el adelanto del pueblo, comentó al ilustre visitante sobre el entusiasmo reinante con motivo de haberse ingresado al 1900. Por gestión del Diputado Nacional Setembrino Pereda, se había aprobado la designación del pueblo con el nombre de Fray Bentos, dándole la calidad de capital departamental. Las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, acompañados por los ciudadanos, habían formalizado una comisión popular y habían festejado dignamente los albores del siglo nuevo, inaugurando oficialmente el reloj de la iglesia, repintando los edificios públicos, don Diego Young había adquirido un nuevo terreno para construir el nuevo asilo para desamparados, el saladero gestionaba la autorización para ampliar su puerto propio a causa del intenso movimiento, el “biógrafo” ya se había presentado en el pueblo y llenaba la sala del Teatro Oxilia y la ciudad se aprontaba para tener –como las grandes ciudades- su alumbrado público eléctrico, complemento ideal para demostrar que “éramos una ciudad” donde el Intendente Lynch había comenzado con la primera forestación urbana, comprando 500 plátanos y decretando el 18 de setiembre como “día de los árboles”…

La sugerencia al Presidente de la LIEBIG´S no demoró en tener consecuencias. En junio siguiente, se recibió en Fray Bentos el bosquejo o croquis del kiosco de hierro que ofrecía la Compañía como regalo a la ciudad. Se trataba de una réplica del escenario cuyo original había engalanado uno de los gigantescos jardines con fuentes en el Palacio de Cristal de Londres cuando la Reina Victoria inauguró la Exposición Internacional de 1856… Este monumento, había comenzado a distribuirse en aquellos lugares donde los ingleses tenían presencia comercial o industrial, pergeñándose un tipo de “marca” o “logotipo” británico en recuerdo de la querida reina.

El kiosco fue embarcado el 11 de noviembre de 1901 en el puerto de Cardiff. Ya lo llamaban en inglés band stand (escenario para banda de música).

Cuando el despacho llegó a Montevideo, la Junta Económica Administrativa de Río Negro tramitó la exoneración de impuestos aduaneros y en fecha 22 de febrero de 1902 el gobierno autorizó a la Jefatura Política de Río Negro a pagar dichos derechos por la suma de $ 394,oo.

En mayo de 1902 se comenzaron los trabajos del basamento en el centro de la plaza en tanto que varios cajones de gran porte esperaban develar su contenido cuando comenzara a armarse el kiosco en su ubicación definitiva.

     
     

EL GRAN PALACIO DE CRISTAL.

Como hacíamos referencia anteriormente, el kiosco que luce nuestra Plaza Constitución, es una réplica del que estuvo formando parte del Cristal Palace, cuya historia transcribimos:

En 1851 Gran Bretaña era, sin argumentos, el líder de la revolución industrial y se sentía muy seguro con esta idea. La Gran Exhibición de 1851 en Londres fue concebida para simbolizar esta superioridad industrial, militar y económica de Inglaterra.

En el caso que se hubiese representado lo que hacía Gran Bretaña exclusivamente, hubiera excluido muchos de los emprendimientos desarrollados pioneramente por los británicos en muchas colonias y protectorados, así que se decidió hacer una exhibición realmente internacional con invitaciones que se extendieron por todo el mundo colonizado.

Los ingleses pensaron que era importante también mostrar sus intervenciones a lo largo y lo ancho del mundo, incluso aquellos países “menos civilizados”.

La actitud prevaleciente en esa época era acorde, diríase con una arrogancia de perfección. Muchos se sentían política y económicamente seguros y la Reina Victoria estaba impaciente para reforzar el sentimiento de contento con su Reina. Fue durante la mitad de los años 1850 que el mundo “victoriano” comenzaba a ser empleado para expresar una auto-conciencia, con relación a la nación y al período histórico que estaban pasando.

La Exhibición era también un triunfo para el esposo alemán de la reina Victoria, Albert, con quien se había casado en 1840. No obstante risas de oposición hacia Albert desde la prensa, la vida familiar de la corte victoriana comenzaba a ser considerada crecientemente como un modelo para el país entero. Albert apreciaba los logros y avances militares y políticos del Primer Ministro Robert Peels y la publicidad para el país referida a los avances de la industria y la ciencia. Estos hechos comenzaron a sembrar en su favor como una respetable posición de la familia real y la supremacía industrial fue rápidamente conocida con la monarquía de los reyes Victoria y Albert. Concebida por el Príncipe Alberto, la Gran Exhibición fue desarrollada en el Hyde Park de Londres, en el interior del especialmente construido Palacio de Cristal y los parques de su entorno.

El Palacio de Cristal fue originalmente concebido por Sir Joseph Paxton en sólo 9 días y era un enorme Goliat gigante de hierro con miles de metros cuadrados de vidrio.

Era importante que el edificio usado como vitrina fuera innovador así como grandioso. Más de 13.000 exhibiciones fueron desplegadas y vistas por más de 6.200.000 visitantes. Estos se quedaron maravillados con las muestras, así como cuando comprendieron la revolución industrial que había propulsado a Gran Bretaña a ser la mayor potencia del momento.

Alrededor desde todo el mundo mostraron el telar de Jacquard, una máquina de clasificar sobres de correo, herramientas, aplicaciones de cocina, vitrinas hechas con acero y una cosechadora de los Estados Unidos. Los objetos enseñados vivieron de todas partes del mundo, incluso de la India y otros países de reciente colonización blanca como Australia y Nueva Zelandia que constituyeron un nuevo imperio.

Muchos de los visitantes que vinieron en tropel a Londres provenían de ciudades europeas. Las ganancias del evento estaban destinadas a instituciones y fundaciones públicas como el Albert Hall, el Museo de Ciencia, el Museo de Historia Natural y el Museo Victoria y Alberto.

El “mejor y más grande” edificio fue dividido en una serie de espacios representando y describiendo la historia del arte y la arquitectura del antiguo Egipto hasta el Renacimiento, así como también muestras de la industria y del mundo natural. Grandes conciertos fueron desarrollados en el ala central, donde estaba el órgano más grande del mundo. También había allí un circo que fue el escenario para mostrar fieras y bestias en actos mundialmente famosos, como el famosísimo caminante de la cuerda floja Blondin.

Exhibiciones nacionales fueron ubicadas dentro de estas famosas paredes de vidrio, incluso la primer muestra aeronáutica realizada en 1868 y la primera muestra automovilística y de motores, además de exhibiciones de gatos y de perros, de palomas, abejas,  flores y otras.

El Palacio de Cristal mismo, fue empequeñecido y eclipsado por el parque donde fue instalado, que contuvo una magnificente serie de fuentes, comprendiendo más de 12.000 chorros individuales. La mayor de éstas tenía un chorro de 70 metros de alto. Alrededor de 480.000 litros de agua fluían a través del sistema cuando ésta estaba funcionando a pleno.

El parque contenía colecciones sin rival de estatuas, muchas de las cuales eran copias perfectas de grandes trabajos de todo el mundo, y una muestra geológica que incluía una réplica de una mina, así como reproducciones a tamaño natural y restauraciones de animales extinguidos, incluso dinosaurios. El Palacio de Cristal fue, además, sede de un sensacional y maravilloso espectáculo de fuegos artificiales.

En 1911, el año de la Coronación del Rey Jorge V, el Palacio de Cristal fue la sede para el festival del Imperio. Un modelo a tres cuartos de su tamaño original de los edificios de los Parlamentos del Imperio y de la Mancomunidad de Naciones británica fue erigido en este parque, conteniendo exhibiciones de productos de los respectivos países.

En los años posteriores, el Palacio de Cristal se convirtió en un espacio relativamente cerrado con el desarrollo de la televisión cuando John Logie Baird estableció su compañía de televisión aquí. En la torre sur (que incluso servía como antena) el propio Palacio y otros edificios se convirtieron en junio de 1934 en la Compañía de Televisión Baird y la empresa tuvo sus equipos allí. En 1935 la transmisión de imágenes de 120 líneas fue probada e inclusive las imágenes de alta definición de 500 líneas fueron mostradas desde aquí. En 1937, la empresa hizo demostraciones de TV color transmitiendo desde la torre sur del Palacio hasta el Dominion Theatre en Londres. Las imágenes fueron claras para aparatos de pantallas de 24×30 centímetros.

Hoy día, el nombre de Crystal Palace está mayormente relacionado al deporte, pero no es su principal actividad. Espectáculos deportivos fueron montados desde los primeros tiempos del Palacio de Cristal. El Palacio fue construido en un tiempo donde la actividad deportiva se estaba haciendo cada vez más común y popular. La concepción original de Paxton no incluía comodidades para deportes, pero no pasó mucho tiempo para toda clase de deportes se jugaran en nombre de Crystal Palace. Tan temprano como en 1857, la zona cercana se utilizaba como cancha de cricket.

El primer equipo de fútbol Crystal Palace fue reportado en 1861 y participó en la Asociación de Fútbol en 1863.

En tiempos modernos, probablemente el nombre mayormente asociado es el Crystal Palace Atletics Club que fue integrado allá por 1868. Numerosos otros deportes se han desarrollado en estos parques en los últimos 140 años como el polo, rugby, ciclismo, arquería, crocket, pesca, patinaje sobre hielo y hockey sobre patines. Un circuito para carreras de automóviles tuvo lugar aquí en 1936-37.

El destino del edificio principal del Crystal Palace. El Palacio de Cristal fue destruido por un incendio el 30 de noviembre de 1936, posteriormente a lo cual la zona comenzó a declinar. Pero los mayores y más importantes espectáculos y exposiciones denominados con el nombre de Crystal Palace no se han desarrollado en el edificio sino en sus parques y céspedes, convertidos hoy en un monumento histórico Grado II que para los ingleses es muy importante.

La London Borough de Bromley, que compró el parque hoy día, junto con la Fundación Crystal Palace han acordado recientemente con la Lotería Nacional para restaurar mucho de aquel parque lleno de gloria. Esta recuperación de importantes elementos patrimoniales incluirá la vía peatonal Gran Central que originalmente recorría el parque a lo largo y la restauración de islas geológicas.

Lo único original que pudo salvarse después del incendio de 1936, fue una construcción de 1872 que había sido erigida para escuela de prácticas en ingeniería. Allí se instaló el Crystal Palace Museum donde están preservados muchos de los elementos propios de este monumental edificio y su entorno. El Museo fue abierto en 1987 por la Crystal Palace Foundation, una entidad sin fines de lucro sostenida enteramente por voluntarios. 

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