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El teatro Miguel Young

RESEÑA HISTÓRICA

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La ciudad de Fray Bentos apenas llevaba nueve años de haber sido  denominada oficialmente con ese nombre, luego de haber nacido como “Villa Independencia” a la vera del anchuroso río Uruguay que tanto progreso había traído a la región del litoral argentino-uruguaya como importantísima vía fluvial de salida de las producciones pecuarias fundamentalmente.

 El ferrocarril Middland acababa de resolver también la extensión de su red ferroviaria hacia los confines del departamento de Río Negro poniendo en contacto más rápido y eficientemente los centros productores agropecuarios y llevando directamente a la salida exportable a sus producciones, por intermedio del puerto de Fray Bentos.

 El Saladero Liebig, luciendo orgulloso en los envases de sus afamados productos el nombre de Fray Bentos, paseaba por todo el orbe las bondades es los subproductos cárnicos un, convertido en el principal establecimiento industrial del país, pagando, en cada una de sus quincenas, sumas impresionantes jamás vistas en la historia económica uruguaya.

 Nacía el siglo para Fray Bentos y con él, el progreso. Aunque polvorientas, las calles de la ciudad ya observaban orgullosas el pasaje del primer automóvil llegado y la calle 25 de Mayo, uniendo el centro del poblado con el río, era vía de incesantes movimientos, llevando y trayendo un constante flujo hacia y desde el puerto, de impresionante actividad.

 Las festividades populares estaban en su época de pleno apogeo; las multitudinarias “romerías” de las instituciones sociales congregaban miles de asistentes.

 Los vecinos unidos, habían hecho un esfuerzo económico para preservar las instalaciones portuarias e iluminar sus alrededores. Algunos de ellos, cooperaban con la iglesia Nuestra Señora del Pilar para que contase con mejores elementos para las prácticas religiosas. Los centros de actividad comunal, como el hospital y el asilo de huérfanos, se sostenían con el aporte de estos desinteresados vecinos.

 Y uno de éstos, en “opulento y progresista hacendado de departamento caballero Miguel Young -al decir de un diario de la época- venía haciendo trabajar en su espíritu la idea de dotar a esta ciudad de un cómodo y bello teatro, indicador permanente del grado de cultura alcanzado por nuestra sociedad”.

  Desde principios del año 1909 la idea estaba ya en marcha.

 Primero D. Miguel adquirió un terreno en la esquina de las calles 25 de Mayo y Florida (actual Zorrilla de San Martín), donde “unos negros herraban caballos de las diligencias” según el decir de doña Natividad Villalba de Irari, una de nuestras fundamentales informantes.

 La suma de 2350 pesos oro se pagó por el terreno a la firma Jaime Nadal y Compañía, apoyando la gestión es los Sres. Antonio Arizti  y Bernardo Oris y José R. Feo, además del propio  Edelmiro Mañé (hijo) gerente de la sucursal del Banco de la República.

 Y el viernes 16 de Julio de 1909 se firmó la escritura de compromiso de compra-venta con la asistencia del escribano Enrique Díaz y Laúnde.

 MANOS A LA OBRA. De inmediato a la concreción de estas primeras gestiones Young viajó a Montevideo, para plantear sus ideas al ingeniero Adolfo Shaw y encargar la obra al constructor Pedro Maggi, responsable en ese entonces de la construcción del edificio hoy existente del Banco de la República. Una primera fase de los planos, fueron encargados al arquitecto Mr. Jones Brown, con la pretensión de que el Coliseo tuviera capacidad para más de 900 personas.

 Estas gestiones de estudio de la obra llevaron hasta mediados del año 1910, cuando se encargó definitivamente la concreción del plano final y dirección de la obra al arquitecto Antonio Llambías de Olivar.

 Había disposición para la iniciación de los trabajos nada menos que 30.000 pesos.

 SE INICIAN LAS OBRAS. El jueves 25 de diciembre de 1910, se realizó una sencilla ceremonia con motivo de la colocación de la piedra fundamental de la obra, con la presencia de amigos personales, vecinos y autoridades departamentales quienes cumplido el acto, se trasladaron al Hotel Sanmarti (haciendo cruz al terreno del futuro teatro) y compartieron un espléndido lunch.

 En el acto, hicieron uso de la palabra, además de Don Miguel, el intendente municipal Sr. Orozco con y el ingeniero arquitecto Llambías de Olivar. Posteriormente, el señor Antonio Arizti,  secretario municipal, leyó el acta de constancia del momento, suscrita por la mayoría de los concurrentes.  

El discurso de don Miguel Young. Las breves palabras del hacendado, fueron las siguientes:

 “Señores: empiezo por agradecer Vds. la concurrencia a esta ceremonia, la cual me llena de una íntima satisfacción.

 Bien sabéis que el lucro no es el móvil que ha guiado mis actos, y si, solamente, el deseo de contribuir al embellecimiento de esta población el que me ha animado a dotar a la sociedad de Fray Bentos, de un centro de solaz y arte, digno de la cultura de esta floreciente y pintoresca ciudad.

 Plantado este jalón, dejo a otras personas que según los recursos de cada cual contribuyan al progreso arquitectónico de la más bonita y coqueta población que se mira en el inmenso espejo de las cristalinas aguas del Uruguay.

 He dicho.  ”

  Al día siguiente, las obras de construcción de los cimientos fueron comenzadas, en un febril movimiento que no cesó hasta el 23 de diciembre de 1912. Exactamente dos años después que el primer pico horadó la tierra para enterrar la piedra fundamental, en un acto muy simple y emotivo, el Sr. Young recibió la obra totalmente terminada, de manos del Sr. Miguel Fenado, capataz de la empresa constructora de Llambías de Olivar, Demicheli y Mazanés.

Decenas de trabajadores habían pasado en los distintos momentos de la obra. Los técnicos, los especialistas, vinieron exclusivamente de Europa.

 Personas se quedaron después de la obra y contribuyeron a crear familias fraybentinas. Merecen recordarse los apellidos Costa, Seoane  y Prefecto.

  Opina la prensa inter departamental. El diario “El Telégrafo” de Paysandú correspondió a una invitación y su enviado especial escribía: “Notable por su arquitectura y por sus armoniosas proporciones, el teatro Young contribuye desde ya al embellecimiento de la ciudad fraybentina.

 Nuestra impresión en conjunto no puede ser más agradable. La capacidad de la sala es algo mayor que la de nuestro teatro Progreso y la distribución de los aposentadurías consulta los últimos adelantos y ofrecerá, sin duda alguna, la comodidad necesaria para el público.

Tiene palcos bajos y altos en número de 24, sin contar los que se reserva el propietario, con sus correspondientes antepalcos ricamente amueblados.

La sillería de la platea tiene una ventaja que aquí en Paysandú no la conocemos y consiste en la posesión de pequeñas perchas en los respaldos de los asientos para la colocación de sombreros y abrigos de los concurrentes.

 Las sillas de los palcos son de asiento de peluche, sin excepción y de esterilla las de platea. En cuanto a la cazuela y paraíso tienen asientos y gradas de madera.

 El color blanco domina, haciendo contraste con el fondo rojo oscuro de los palcos y cazuela.

 Nos figuramos desde luego el soberbio aspecto que presentará aquella sala en la noche de la inauguración; acto que parece tendrá gran resonancia, invitándose a personas de la capital y otros departamentos.

 “Paysandú, 2 de octubre de  1912.

EL ACTO DE LA INAUGURACION.  Extraemos del diario El Imparcial, de fecha martes 7 de enero de  1913 una crónica de la grandiosa velada del día 4, con motivo de la inauguración. El diario decía: La concurrencia. Como respondiendo a un secreto impulso, a medida que el tiempo transcurría, el tema de todas las conversaciones, era el grandioso éxito que prometía alcanzar la inauguración del nuevo y llamativo centro de reunión. Así se explica que la noche del 4, la afluencia de público hacia el punto donde se realizaría el memorable torneo social, comenzara mucho antes de la hora fijada. A las nueve y cuarto, el teatro era reducido para contener la enorme concurrencia que por primera vez sentía la satisfacción de admirar en conjunto el más precioso de nuestros edificios y la más halagadora promesa de futuros embriagadores momentos de solaz.

 Dio comienzo a la fiesta la bien organizada y meritoria Banda “La Estrella ” haciendo sentir los acordes del himno nacional.

 Acto seguido se adelantó el Sr. Llambías de Olivar, uno de los socios de la empresa constructora de la obra cuya formal entrega se hacía en aquel luminoso acto, y leyó un elocuente discurso.

 Así que terminó el mismo, y en medio de una expectación muy digna del ilustrado poeta, el doctor Zorrilla de San Martín ocupó la tribuna, y después de hacer notar que  dado su carácter de simple invitado no se extendería mayormente, el insigne autor de “Tabaré”, con su galanura de frase, con su gesto emocionante, con la rítmica combinación de sus palabras que tienen la virtualidad de hacer pensar en lo desconocido; en lo grandiosamente bello, subyugó al auditorio por espacio de media hora.

 Para clausurar la parte oratoria de la inauguración del teatro Young, y agradeciendo los conceptos elogiosos de que fue objeto, leyó un notable discurso a su propietario el Sr. Miguel Young. El hecho de haber conseguido los originales de dicho discurso, con el cual engalanamos nuestras columnas, nos exime de extendernos en mayores comentarios, que la noble y generosa intención que revela en él el Sr. Young, en estricta justicia merecida.

  He aquí el discurso.

 “Señoras y señores:  por vez primera siento emociones nuevas imposible de ocultar aunque me fuera dado hacerlo. Son estas emociones de tan íntima satisfacción; que llénanme de entusiasta orgullo al ver congregados en este recinto a lo más selecto de la sociedad donde el vivido muchos años, y en donde tengo mis más caras afecciones.

 Gracias pues, a todos, a todos los que galantemente habéis concurrido a mi invitación. Os debo uno de los momentos más felices de mi vida, pues con vuestra presencia me habéis hecho sentir que no ha sido infructuosa mi idea y que esa idea ha sido buena. Me halaga que en mi modesta existencia haya hecho un algo que se añadiera a la cultura de esta sociedad. Como ha dicho bien el Sr. Llambías de Olivar, no ha sido en lucro el que ha guiado mis pasos. Sólo he querido vincular mi nombre al de aquellos que han dedicado sus afanes al adelanto de los pueblos. He querido que mi vida no fuera estéril. Que mi paso por esta mi patria no sea del todo ignorado. Mas mi obra ha sido modesta. No tiene las proyecciones que otra de más valía para la humanidad, pero, encarna también una idea, la idea de las expansiones, de la alegría, de lo agradable. Es la manifestación de un corazón sano que sonríe cuando los otros ríen, que goza con la alegría de nosotros..

 El doctor Zorrilla de San Martín, accediendo con su gentileza habitual a mis ruegos, os ha dicho con sus palabras fáciles y elocuentes, lo que yo no podía expresar. El poeta por excelencia y el ilustre trovador de todos los ideales, el magnífico orador, el dominador de las muchedumbres, ha dicho lo que mis labios no podían balbucear. Os ha hablado del arte, de su influencia en la cultura de los pueblos, de todo lo que moraliza, de todo lo que ennoblece. Gracias por todas las atenciones.

 Mi labor ha terminado. En ella he tenido un eficaz colaborador. Mi idea no se hubiera exteriorizado si en el concurso de otro cerebro. El Sr. Llambías de Olivar ha sido el intérprete de mi pensamiento. Los señores Llambías de Olivar, Demichelli y Masanés, los ejecutores de la obra. El proyecto es hermoso y la ejecución ha sido perfectamente cumplida. Quedo grato a dichos señores que no han omitido el esfuerzo alguno en levantar una obra completa, una obra de arte. Creo de mi deber felicitar a dichos señores, pues ello implica también una felicitación al pueblo que se ha enriquecido con una hermosa construcción.

 El Sr.Llambías de Olivar, acaba de entregarme formalmente este edificio. Yo a mi vez lo pongo en vuestras manos para que disfrutéis en él y tengáis momentos de solaz entretenimiento. La vida es de labor continua. Es justo interrumpir de cuando en cuando esa labor, sequéis el sudor de vuestros rostros y refresquéis el espíritu, con los efluvios suaves del arte.

 He dicho.”

 Poseriormente, el público disfrutó de la opereta “El Conde de Luxemburgo”, interpretada por la famosa Compañía Maresca.

 Terminada la representación, el propietario del Teatro agasajó a muchas personas de la concurrencia con un bien servido lunch en el sector de confitería del propio edificio.

  ESTO ES HISTORIA DEL TEATRO. Las instalaciones fueron sede de las actuaciones de las primerísimas figuras del arte mundial que llegaban al Río de la plata. La opulencia del momento y el deseo de tener un primer lugar en la región, hacía que D. Miguel Young contratarse para actuar a zarzuelas, operetas y conjuntos teatrales europeos que directamente venían a Fray Bentos. Se daban los casos que estos espectáculos eran primeramente vistos aquí que en Buenos Aires o Montevideo y que ello hacía del teatro Young el punto elegido para los amantes de los buenos espectáculos atrayendo gente de todos los  alrededores.

 El poeta de la Patria, don Juan Zorrilla de San Martín, recitó  parte de su “Leyenda Patria” y esa fue su última, dado que poco después falleció. Se colocó una placa de bronce en la pared sobre la calle que lleva el nombre del poeta como homenaje. Estas presencias importantes continuaron los antecedentes del llamado teatro Bortayri, ubicado una cuadra de distancia hacia el puerto donde estuvo Florencio Sánchez, quien por anécdota de doña Natividad Villalba de Irari, nos enteramos que le gustaba visitar la cocina del teatro y escribirle sonetos de amor en papel de astraza a cambio de los huesitos de pollo.

 EL TEATRO YOUNG HOY DIA. Este hermoso edificio es propiedad municipal desde 1934 y su uso fundamental a través de los años ha sido dedicado a la cultura, habiendo sido en algunos momentos un cine-teatro, donde llegaba las representaciones teatrales más importantes Río de la Plata.

  El teatro ha sido remozado, con un importante aporte económico, poniéndose a disposición de entidades culturales, sociales y de servicio del medio o de contratistas.

  La posibilidad detener este teatro, ha hecho que Fray Bentos fuese una cuna de gente de teatro que a través de los años han hecho un rico historial en esta actividad local. Y actualmente, son varios los grupos de niños, jóvenes y mayores, instituciones que mantienen viva la actividad teatral.

  A causa de esta disposición para la actividad cultural generalmente el teatro tiene actividades variadas a lo largo del año, pero fundamentalmente en los últimos meses del mismo, cuando por lo propicio de la temporada, se acrecientan sus funciones.

En el edificio del teatro, que se puede visitar con la compañía de sus funcionarios, pueden observarse sus instalaciones y comodidades. En el ” foyer”, en los altos, donde fuera una elegante confitería y heladería a principios del siglo XX,  hoy se realizan actividades culturales como exposiciones y muestras y diariamente se destina en un local para ensayos de grupos de baile o de teatro.

   LA FACHADA DEL EDIFICIO. Uno de los aspectos es llamativos el teatro municipal “Miguel Young” es justamente su fachada, donde los arquitectos resaltaron aspectos propios de un edificio para este uso.

  Especialmente, se destaca la presencia de un grupo escultórico que representativo de las musas de la música, la poesía y la inspiración, que llama poderosamente la atención y lo define ante la mirada de los turistas. Anecdóticamente digamos, que el artista autor de estas estatuas, las modeló totalmente enfundado en una gran bolsa de arpillera, por lo que el público no las pudo admirar hasta que no estuvieron finalizadas.

  Formaba parte del mismo grupo arquitectónico el edificio situado sobre calle Zorrilla de San Martín y que posteriormente, por un acuerdo municipal con Educación Primaria, ésta lo recibiera como intercambio por el gran predio donde la intendencia construyó la  Terminal de Omnibuses.

 LAS “PERLITAS” DEL TEATRO YOUNG.

 ·                       “En el terreno donde don Miguel hizo el teatro, había un galpón muy viejo, donde unos negros herraban caballos de las diligencias” según el decir de doña Natividad Villalba de Irari. “Nosotros lo mirábamos y creíamos que estaba medio loco, porque se sentaba horas enfrente, mirando hacia allí. Seguro que se imaginaba ya el teatro pero nadie sabía que lo iba a construir. Un día se fue a Europa y llegó con la idea del teatro…”

·                       “Al fin nadie supo porqué construyó el teatro. A mí me parece que fue porque se encamotó con una mujer de teatro que vino a actuar con una Compañía. Un día se fue a Montevideo detrás de ella y los amigos le decían: “Mirá que te va a sacar todo…” Cuando regresó, ni el pincho con piedra de diamante traía… “…Pero quien me quita lo bailado”, decía él muy zorro…” (Entrevista a doña Natividad Villalba de Irari).

·                       “Me acuerdo que el escultor que hizo la estatua del teatro, trabajó todo el tiempo enfundado con unas bolsas, para que nadie viera cómo lo estaba haciendo. Yo era cocinera en el Hotel Sanmarti y desde allí lo mirábamos”… (Palabras de doña Natividad Villalba de Irari).

·                       “Nos escondíamos entre las bambalinas del teatro para escucharlos cómo ensayaban. Todavía me acuerdo que el señor, muy apuesto, se arrodillaba y le cantaba a la actriz, que era una mujer muy bonita… ¿Querés que te lo cante?. (Palabras de doña Natividad Villalba de Irari, rememorando el día de inauguración del Teatro y haciendo referencia a la presentación de la obra “El Conde de Luxemburgo”).

·                       El “Poeta de la Patria”, don Juan Zorrilla de San Martín, regresó nuevamente al Teatro después de haber estado en su inauguración. Lo hizo en octubre de 1931 y deleitó al público con parte de su prosa de “La Leyenda Patria”… Sería la última vez en su vida que la declamara… Una semana después, el 3 de noviembre, fallecía en Montevideo.

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