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Biografía del Dr. Isidoro de María.

Biografía de Isidoro de María

por José Mª Fernández Saldaña /Alvaro Kröger

 Reproducimos esta información por cuanto consideramos la figura de don Isidoro de María forma parte de la historia de Fray Bentos, por las gestiones que cumplió en pro de la fundación de la ciudad,  cuando realizó actividades en Gualeguaychú como Vice-Cónsul uruguayo.

Historiador y periodista. Nacido en Montevideo el 2 de enero de 1815, hijo de Juan Mª de María. italiano, turinés, y de María Luisa Gómez, de Buenos Aires.

Su primer oficio o sea el de tipógrafo, ejercido hasta el año 1829, le permitió iniciarse en funciones periodísticas entrando a la redacción por la puerta del taller.

Veterano de nuestra prensa, director del “El Censor”, papel político aparecido en la capital el 28 de junio de 1839, y antes, en 1831, redactor de “El Rayo”, tiene de María el mérito de haber sido fundador y director del primer periódico de la ciudad argentina de Gualeguaychú,  titulado “El Progreso de Entre Ríos”, como se verá más adelante.

Vinculado políticamente al general Fructuoso Rivera, fue principal redactor de “El Constitucional”, que se publicó de 1838 a 1847.

Al mismo tiempo que combatía a Oribe con la pluma, el periodista era soldado, revistando en la 1ª compañía de Impresores del Batallón Pasivo con grado de teniente 1º. Cuando en 1849 el general Justo José de Urquiza adquirió en Montevideo dos imprentas para destinarlas a Entre Ríos, la que correspondía a Gualeguaychú fue confiada a Isidoro de María, que con su familia pasó a residir en esa población, y el 5 de mayo del 49 aparecía “El Progreso de Entre Ríos”, el cual, a poco de cumplir dos años cambió de nombre a raíz del pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, llamándose desde agosto de 1851 “El Federal Entrerriano”. Cesó éste en octubre del 52 y por la misma  imprenta, que se denominaba Imprenta de Gualeguaychú, salió “El Eco del Litoral”, en noviembre del mismo año.

En 1852 de María tuvo destino de vice cónsul del Uruguay en Gualeguaychú y durante un corto tiempo sus  funciones se extendieron a Cónsul General en Entre Ríos.

En 1856 – por setiembre – desaparecido “El Eco”, lo sustituyó “El Mercantil”, en cuyas columnas, bajo los auspicios de de María, inicióse en lides de prensa el poeta Olegario Andrade. Funcionario de la provincia en algún momento, fue Vista de 2ª clase del resguardo de aduana local y más tarde Inspector de Escuelas.

Alegando esta prestación de servicios en el extranjero para ocultar la verdadera causa del decreto, que no era otra  que la de figurar en la redacción de un periódico donde solía criticarse la marcha del gobierno de Pereira, fue exonerado del cargo consular con fecha 9 de julio de 1858,dándosele por reemplazante al ciudadano Eleuterio  Gadea. Entonces regresó a la República para ocuparse de tareas pedagógicas y periodísticas, mientras sus dos hijos continuaban con la imprenta en Gualeguaychú. Redactor de “La Prensa Oriental” -1961 a 1862 – de “El Orden”, en 1868, lo fue así mismo un tiempo en “El Ferro-Carril”.

Integrante de la Comisión de Instrucción Pública en 1860, el cambio que se operó en la política con el triunfo de la revolución del general Flores, le fue muy favorable, llegando a ingresar en 1869 a la cámara de diputados electo por el departamento de Soriano para la 10ª legislatura y tocándole ser vice presidente de uno de los períodos.

Dado a las cuestiones pedagógicas, preceptor y director de varios colegios, en la cámara fue autor de un interesante proyecto de ley de enseñanza gratuita y obligatoria y en el término de 6 años en que tuvo funciones inspectivas en las escuelas de Montevideo, se introdujeron en ellas una gran porción de importantes mejoras.

El 2 de julio de 1888, por los servicios rendidos al país, las cámaras le otorgaron una pensión de $100 mensuales. Nombrado en 1890 para la dirección del Archivo General Administrativo, permaneció en ese puesto que acordaba bien con sus aficiones.  Lo desempeñó hasta su jubilación.

Falleció en Montevideo el 16 de agosto de 1906, al mes siguiente la municipalidad cambió por su nombre al de 2ª Uruguayana, que designaba una calle de la Aguada. Llamado con frecuencia el primer historiador nacional, Isidoro de María, respetable cultor de la Historia Patria,, carece de tal preeminencia, así en lo que dice al tiempo como en lo que dice a su labor. Antes que él y dentro de lineamientos de tarea semejante cuenta Juan Manuel de la Sota. En lo atinente a su producción histórica, de María es un cronista fácil que no sintió el afán que lleva a apurar la investigación, colmar la laguna y abstenerse de suplir la verdad documentada con suposiciones o con referencias de dudosa autoridad y a salir del paso por aproximación, siendo como ha dicho uno de nuestros investigadores, “de una imprecisión aterradora en cuanto a nombres y fechas”.

Por estos motivos, falto de disciplina de estudioso, excesivamente confiado en sus recuerdos, llevó a sus libros – todo lo meritorio que se quiera – una suma de informaciones no depuradas que obliga a manejarlas con mucho cuidado.

Por culpa de su despreocupación, en una época en que la historia nacional estaba proscrita de los programas oficiales y era mirada con menosprecio y con horror por los elementos tenidos por intelectuales, se han vulgarizado, pasando en autoridad de cosa juzgada, muchos datos erróneos que hoy es dificilísimo rectificar con éxito, después de tanto tiempo y de tanto repetirse sin control.

 Nota: Existe una excelente nota de Arturo Sergio Visca, en el Almanaque del Banco de Seguros del Estado 1977, con la biografía de Isidoro de María.

 

 En Internet, se encuentra un material muy completo de varios trabajos biográficos, en http://www.archivodeprensa.edu.uy/isidorodemaria/sobre_isidoro.htm

 

 

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