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Británicos en el Rio Uruguay.

200 AÑOS DE LA INFLUENCIA BRITANICA EN EL URUGUAY 

TEMA: EL SALADERO LIEBIG Y FRIGORIFICO ANGLO EN FRAY BENTOS. 

René Boretto Ovalle – Fray Bentos

 

 

Refiriéndonos al bajo Rio Uruguay, no se puede hablar de influencia británica específicamente sobre o en el entorno de Fray Bentos, aunque éste haya sido uno de los más importantes puntos donde se registró una actividad social, cultural, comercial e industrial del Reino Unido. La presencia británica es muy amplia en territorio, aunque acotada en el tiempo, pero, abarca numerosos rubros. Tampoco puede hablarse de una “influencia británica” sin traer a colación el intenso relacionamiento que se dio origen entre las sociedades a uno y otro lado del Océano Atlántico, motivado por las actividades industriales británicas en esta parte de Sudamérica.

Justamente, debe hacerse referencia, en primer orden, al río Uruguay como elemento de la geografía regional que modeló territorios e impuso características tales que hicieron abundantes las materias primas proclives a ser industrializadas o manufacturadas, con la presencia de gentes de mentes previsoras prestos a adecuarlas a los mercados ávidos  de Europa, sobre todo desde los principios del siglo XIX.

La “apertura del río” se produce, indudablemente, con el advenimiento del gobierno del Gral. Justo José de Urquiza y el destronamiento de Juan Manuel de Rosas, con quien nuestro país había tenido enfrentamientos incluso militares contra la idea de “río interior” que impedía el ingreso de embarcaciones que no estuvieran registradas y con permiso de la Confederación Argentina. Esta situación, a partir de 1850 aproximadamente cambia radicalmente, aumentando considerablemente el uso de esta corriente fluvial. Consecuentemente, cobran valor los campos y sus recursos, aumentando las poblaciones rurales y las ciudades con puertos en ambas márgenes.

Es difícil abordar este gigantesco movimiento en toda su amplitud y dimensión, porque se trata de una verdadera revolución en los ámbitos social, cultural, comercial, industrial, de transporte y con gran trascendencia política. No obstante, es en este entorno que tenemos que hablar de la presencia británica y no podemos restringirnos sola y exclusivamente a los emprendimientos de Fray Bentos.

La mentalidad abierta y para nada conservadora de los europeos, los llevó a abordar una gran variedad de oportunidades que por ese entonces daban “los productos de la tierra”, no desdeñando en absoluto las opciones que se presentaban en la innovación de los negocios. De hecho, hubieron personas que hicieron fortunas con el ganado y sus subproductos, pero otros lo hicieron (por ejemplo) vendiendo sombreros en Asunción del Paraguay o mejorando el transporte fluvial.

La inmigración espontánea y en otros casos inducida por las autoridades de los países del Plata, trajo un fuerte aporte al poblamiento del Uruguay. Italianos, españoles y brasileños, que fueron la gran mayoría ocuparon tierras como labradores y colonos de fértiles tierras para la agricultura, en tanto que franceses, alemanes e ingleses tuvieron una injerencia en negocios mayormente rentables como los seguros, el sector inmobiliairio, el acopio y manejo de mercaderías para la exportación, importación de insumos, bancos, etc. lo que era coadyuvado por el amplio relacionamiento con los mercados europeos.

La geografía, siempre condicionando al hombre y sus actividades, llevó a que estos visionarios hombres de negocios desviaran su atención hacia la zona del litoral del río Uruguay donde el sector agropecuario fue abordado en forma intensiva y extensiva como hasta el momento nadie había imginado que podía hacerse. De hecho, uno de los primeros censos documentados a finales del siglo XIX, hecho por Adolfo Vaillant a pedido de la Asociación Rural del Uruguay, esclarece que las tierras del interior del país mayormente pobladas son las de Salto y Paysandú, con aproximadamente 36.000 habitantes cada uno. Solamente Paysandú tenía la cuarta parte de la población de Montevideo de ese entonces.

La inmigración de británicos, aumentó significativamente, sobre todo después de la denominada Guerra Grande. Desde 1835 a 1842 solamente se verifica un registro de ingreso al país de 850 ingleses, representando un 2.56% del total de inmigrantes, situación ésta que se revertirá rápidamente, llegando a triplicarse ese ingreso sólo en el año de 1867.

Previamente a esta época de auge del bajo río Uruguay, hay un inglés que ya había marcado presencia. Se trata de Richard Bannister Hughes, (n.Liverpool, 1810 – m. Paysandú, 1875) quien con su hermano  Thomas Hughes  crearon la razón social “Hughes Hermanos”, con filiales en Buenos Aires, Río Grande y Liverpool. Hughes, en 1840 consiguió autorización del gobernante argentino Juan Manuel de Rosas para ingresar por los ríos Uruguay y Paraná y llegar hasta Paraguay, en un memorable antecedente de lo que hoy llamamos la “hidrovía”, señalando formas y procedimientos para darle salida al mar a la gran producción de aquella región mediterránea.

Fue justamente Richard Hughes uno de quienes avizoró el futuro de la explotación ganadera y de la tierra e el bajo Río Uruguay. En 1856, ingresó en el rubro adquiriendo tierras ubicadas entre los arroyos Negro y Rabón en el departamento oriental de Paysandú, a las que llamó Estancia “La Paz”, produciendo en ella interesantísimas experiencias en la plantación de tabaco de calidad, trigo y lino, que presentó a Exposiciones internacionales con éxito. Entre otras cosas, cabe resaltar que en su Estancia “La Paz”, Hughes fue el primero en utilizar el alambrado en sus campos.

La presencia de Hughes por algunos años se reafirma en la región litoral y pronto lo veremos como accionista en el negocio inmobiliario de la fundación de Villa Independencia, aprovechando el profundo puerto dos kilómetros al suroeste del puerto tradicionalmente utilizado en las llamadas barranqueras de Fray Bentos, donde, asociado con el también inglés William Haycroff, comenzó en 1860 la construcción de un salaldero. Precisamente, el lugar geográfico dondeen un futuro casi inmediato (1863)  nacería a la vida comercial e industrial el reconocido Saladero Liebig.

Justamente, esta experiencia inmobiliaria fue una de las más osadas de que se tiene conocimiento en el país y que diera lugar al único ejemplo de la fundación de una ciudad por una asociación empresarial, cuya finalidad era la de obtener por la venta de terrenos, la astronómica cifra de cinco millones de pesos oro de la época. Siguiendo la idea del irlandés Santiago Lowry, nacido en Belfast en 1816 y fallecido en Montevideo en 1893, asociado con el alemán Augusto Hoffmann Crasseman, se compraron a los descendientes de Francisco Javier Martínez de Haedo, las tierras adyacentes al puerto natural de Fray Bentos. La zona ya tenía su fama, por cuanto desde 1852 aproximadamente venía siendo como atracadero de alternativa al puerto de Gualeguaychú, generando un intenso movimiento comercial que dio paso a las exitosas experiencias de vapores uniendo Salto con Buenos Aires, deteniéndose justamente en Fray Bentos para recoger carga y pasajeros.

Otro inglés, de nombre George Hodgskin integraba también esta sociedad que donó tres manzanas de terreno para asentar los principales edificios de la población que se fundó con autorización del gobierno el 16 de abril de 1859. El proyecto de “la mejor ciudad de Sudamérica” como soñaba el alemán Hoffmann, no llegó a su fin por deficiente manejo de la promoción y venta de terrenos y pronto todos los socios vendieron sus partes a Santiago Lowry que hasta su muerte fue un gran impulsor y cooperador con el crecimiento de la hoy ciudad de Fray Bentos.

No obstante no haber dado resultado el negocio inmobiliario, Fray Bentos creció al influjo del movimiento portuario, máxime cuando comenzó a trabajar  unos 3 kilómetros al suroeste, el saladero de la Liebig´s Company. Los ingleses, son parte de la incipiente población y formarán parte activa hasta como sus autoridades. Así, se pueden recordar nombres como Jaime Mooney, Jorge y Tomás Dungey, Santiago Oliver, Guillermo Lawlor, aunque en especial el agrimensor William Hammett, presente en la zona desde antes de la fundación y autor del plano y catastro del poblado sobre las barrancas.

Otra presencia británica en la zona, lo fue la construcción del saladero en Mbopicuá, pocos kilómetros al norte de Fray Bentos. Allí se inicó en 1871 un proyecto para elaboración y envasado de carnes por un sistema inventado por Henley y que había sido probado convenientemente en Australia. La empresa, en franco enfrentamiento con la Compañía Liebig, se llamó “The River Plate Pressure Meat Preserving Company Limited” y su radicación era envidiable con un puerto propio de 22 pies de calado. La obra se terminó en 1875, pero en menos de dos años el emprendimiento estaba quebrado. Poco tiempo después, las instalaciones fueron adquiridos por la Liebig´s, desmanteladas y utilizadas para comenzar a producir carne conservada para exportación.

Pero, evidentemente, como dijimos al principio, la presencia británica se hizo patente y con una muy fuerte influencia regional, a partir de 1865 cuando, creada en Londres en diciembre de ese año, comienza a trabajar la Liebig´s Extract of Meat Company, como consecuencia de la profesionalización del esfuerzo comercial e industrial iniciado dos años antes por el ingeniero alemán Georg Giebert. La primera etapa empresarial, tuvo el aporte económico de banqueros belgas y británicos, pero la osadía de ampliar el emprendimiento de medio millón de libras esterlinas, obligó a comprometer mayor cantidad de inversores ingleses, radicando las oficinas administrtivas principales en Londres.

 

DANDO DE COMER A EUROPA.

 

Teniendo en cuenta la producción y colocación en Europa de decenas de productos y subproductos, la “época ANGLO” reafirmó el dicho muy común que expresaba que en Fray Bentos “lo único que se desperdicia del vacuno es su mugido…” En efecto, la coincidencia de la II Guerra Mundial y sus evidentes necesidades de alimentación para la población civil y para las tropas, hizo que el mercado se agigantara y que se ampliaran los rubros. Si bien anteriormente la actividad comercial se basaba en la industria de la carne, ahora se procesaron decenas de otras materias primas que pasaron a convertir al ANGLO en uno de los más importantes explotadores del recurso agropecuario del Río de la Plata.

Unos doscientos veinte productos y subproductos hemos contabilizado, teniendo en cuenta las etiquetas del frigorífico y los listados de la producción que ávidamente el mercado europeo consumía.

Atendiendo la profesionalidad desde sus principios, la producción se basó en un estricto contralor de la materia prima (la carne) desde sus primeras consecuencias: los campos. El ANGLO continuó siendo propietario de numerosas estancias, aunque en menor cantidad que las que llegó a tener la Liebig company (once en territorio uruguayo), desde donde se hacía llegar el ganado hasta la etapa final, previo a la faena, en la Estancia “La Pileta”, ubicada a sólo 12 kilómetros del frigorífico.

En estas dependencias del medio rural, también personal jerárquico británico tuvo su espacio, directamente relacionado con la empresa.

La presencia británica se hizo mucho más evidente y necesaria, dado la implantación de sectores nuevos con necesidad de personal jerárquico. Se estima que unas sesenta personas británicas se asentaron en la ciudad, y si bien no hubo una integración total, se estima que dicha presencia dejó una marca fuerte en la sociedad de la época. Hubo integración de los ingleses con la sociedad local y la fundación del Instituto Anglo-Uruguayo trajo docentes que formaron una camada importante de profesores de idioma inglés que mantuvieron su actividad durante muchos años. La entidad, además, fue creadora de importante actividad socio-cultural.

 

UN BARRIO LLAMADO “ANGLO”.

En el Barrio obrero, los impactos fueron tales que -aún hasta hoy día- se ha dado en llamarlo “el Barrio Anglo”, con algunos cambios estructurales y de uso de algunos de sus edificios. Se mejoró el local destinado a la escuela, cuyos antecedentes en el inicio de la educación vareliana, habíanse iniciado dentro mismo del establecimiento. El antiguo edificio de la Administración Liebig (1895 con ampliaciones en 1905) se destinó al “Anglo Social Club”, reducto casi inexpugnable para los hombres británicos donde muy pocos “criollos” podían ingresar. El local, lejos de ser llamado por su nombre, pronto tomó el sobrenombre de “Chupping”, en un ejemplo muy local de denominar al sitio donde “los ingleses iban a “chupar”, agregándole (como eran ingleses) el “ing”.

Las décadas del ´40 y del ´50 fueron de auge, en razón de la presencia británica en el Río de la Plata y no había embarcación civil o de guerra que llegara a la región que no visitase Fray Bentos para presentar sus saludos al diplomático.

Unas sesenta personas de orígen británico participaban de una nutrida actividad social, propiciando el auge de la práctica de deportes como el golf y el tenis. Las actividades sociales y deportivas tomaron fortaleza y, además del mencionado hecho de la construcción del campo de golf, se destaca la construcción de dos canchas de tennis de polvo de ladrillo aún existentes, con un local en calidad de “sport pavilion” en homenaje a la coronación del Rey George V. Varios obreros y niños de la barriada, cuentan holy día sus experiencias como “caddies” de los ingleses en sus comunes torneos de golf.

El archifamoso médico diagramador de campos de golf, Dr. Allister Mc Kenzie, estuvo en Fray Bentos a principio de los años ´30 y fue quien planificó el court de Fray Bentos, a la postre el primero del Uruguay, aún previo al de Punta  Carretas en Montevideo.

El club de fútbol “Liebig Football Club” fundado en junio de 1907, pasó a llamarse Club Atlético Anglo, construyendo su sede y recibiendo donación de la empresa de espacio como para crecer institucionalmente. Este equipo, aunque recién integrado, le ganó 6-0 a la tripulación de una barca británica surta en el puerto del saladero, en el primer partido de fútbol internacional que se conoce en el Uruguay.

En la década del ´70, al clausurar sus actividades el ANGLO, solamente tres casos (Mr. Mac Kenzie, Mr. King y Mr. Spry, con sus respectivas familias) permanecieron hasta finalizada la labor de la empresa; inclusive dos de ellos vivieron hasta su muerte en la ciudad.

Según recogemos del antiguo vecino don Norberto Bordoli (más de ochenta años en el barrio), convivir con los ingleses era muy fácil, siempre que se respetaran las respectivas reglas: como vecinos eran impecables y serviciales y dentro de la fábrica, serios, correctos y exigentes.

Los gerentes del ANGLO tuvieron como lugar de vivienda, la denominada “casa grande”, verdadera mansión ubicada en una altura desde donde -cuando fue construida en 1868- permitía controlar todo el territorio ocupado por la fábrica y la “ranchada”. La edificación, rodeada de parques y jardines, conserva decenas de anécdotas muchas de ellas propias del relacionamiento entre “criollos e ingleses”. En esa casa, en el año 1909, estuvo pisando suelo uruguayo, Sir Robert Baden-Powell, héroe británico de la guerra de los bóers, creador de la asociación “niños scouts”, quien también fue invitado a visitar la “Estancia Vichadero”, un verdadero sitial de la profesión británica para el manejo de los campos y sus ganados. En homenaje a esta visita, una estela recordatoria ha sido erigida frente a la puerta misma de la “casa grande”.

El patio posterior, un verdadero jardín de árboles y plantas exóticas, fue modelado y puesto a punto en 1903, en uno de los momentos de gran repercusión social británica en la ciudad, momentos en que este sitio servía como vice-consulado británico y alemán al mismo tiempo. Posteriormente, como consecuencia de la Gran Guerra, allí se asentó exclusivamente el vice-cónsul inglés, que era el propio Gerente del Saladero.

 

ALGO ANECDÓTICO. En el Uruguay, los niños de la década del 30 y del 40, fueron muy afectos al juego con canicas de vidrio, diversión ya casi desaparecida pero que se mantiene aún. La empresa Liebig, a principios del siglo XX, fabricaba una bebida gaseosa refrescante que  embotellaba en botellas de vidrio, con una forma muy especial y una técnica de producir mayor cantidad de burbujas al servir, dado que en el cuello de la botella disponía de una estrechez con una canica de color verde oscuro que agitaba el líquido al invertir la botella.

Los niños, en el afán de conseguir la canica, rompían los cuellos de las botellas.

La bebida fabricada, tenía – a juicio de los ingleses- un sabor a una “cerveza ligera” (genger beer) y es así como la pedían en el comercio. Los “criollos”, simplemente pedían “una bolita”, haciendo referencia a la bolilla o canica que caracterizaba su envase. Pronto, la gente común asoció el nombre de la bebida al sonido onomatopéyico “chinchibirre” (pronunciación inglesa según escuchada : ginger-beer = yinyibirr ).

Finalmente, por añadidura, “chinchibirre” fue el nombre que los niños daban a la canica verde, de fuerte y compacto vidrio, superior a las canicas comunes y que resultaba “invencible” en los juegos. (Tener una “chinchibirre” era de importancia y el intercambio era no menor de 5 a 1).

También “bolita” se asoció en Fray Bentos al refresco gaseoso, hasta el punto de convertirse en una bebida muy consumida mezclada con vino. Cierto obrero del ANGLO, de paseo por Montevideo, viviendo en el barrio del “Cerro”, no logró hacerse entender cuando ingresó a un bar y pidió su preferido “vino con bolita”…

 

Historia de la IGLESIA ANGLICANA en Fray Bentos.

 

Los antecedentes de la iglesia anglicana, no pueden escindirse de la acción de los propios fundadores de la ciudad quienes tanto como habían determinado un espacio para la ubicación de una iglesia católica (disponiendo en el propio documento de donación de los terrenos al gobierno nacional para crear el poblado que “la iglesia que se haga en dicho lugar se hará bajo la advocación de Nuestra Sra. Del Pilar”) también adoptaron decisiones respecto a la presencia de un templo para la iglesia protestante.

De hecho, Santiago Lowry, uno de los fundadores, decidió en junio de 1869, la donación de un terreno destinado a la construcción  de este templo y una escuela de letras. El aporte se hizo directamente al gobierno de S.M. Británica, “para el fin que queda indicado, que este terreno lo dona libre de todo gravamen, como de la contribución directa por tenerla satisfecha, , con entradas, salidas,  usos, derechos, costumbres y demás cosas anexas que de hecho y de derecho puedan corresponderle…”

También por donación de Lowry, la comunidad protestante contaría con un predio en el terreno previsto para Cementerio, que recién pasó a tener una administración por los propios interesados, en el momento que crean una institución civil llamada “Sociedad del Cementerio Protestante de Villa Independencia”, con personería jurídica desde el 26 de octubre de 1889.

La radicación efectiva de la iglesia anglicana en Fray Bentos, data de 1875 por gestiones del señor Richard Croker, designado capellán en la ciudad de Salto, incluyendo a Fray Bentos en su jurisdicción.  Nombres como los de W.H. Shimield, Robert Allen,  Edward Francis Every, designan a capellanes que atendieron la gestión religiosa para esta comunidad.

En un principio, la iglesia era sostenida directamente por el gobierno británico, aunque después paso a ser mantenida por la institución llamada South American Missionary Society y su acción fue muy amplia en la región, máxime teniendo en cuenta ciudades del litoral sur uruguayo donde había intereses ingleses, como la propia ciudad de Pasysandú con su terminal de ferrocarril),Conchillas con el emprendimiento de explotación de piedra y arena, y otros lugares intermedios por donde se iba extendiendo las líneas de la empresa Middland del ferrocarril.

Adicionalmente, hubo necesidad de atender a estancieros ingleses y anglo-uruguayos y sus familias, que se encontraban diseminados en la campiña.

En 1971 con la venta de la fábrica y el retorno de la mayoría de los ingleses a su tierra, la Iglesia fue decayendo hasta quedar prácticamente abandonada, aunque hoy día se ha producido una reactivación y se ha construido un nuevo templo.

 

UN  KIOSCO INGLES EN EL CENTRO DE LA PLAZA DE FRAY BENTOS.

 

Una imagen característica de la ciudad de Fray bentos es un kiosco o escenario para bandas de música que desde hace cien años se luce orgulloso en el centro de la  Plaza Constitución. De muchas maneras se le ha llamado: kiosco, pérgola, escenario… Pero uno solo ha sido su significado histórico: el perenne recuerdo de una época donde Gran Bretaña, líder del comercio y la industria en el mundo, plantó sus hombres y su bandera en la zona, especialmente a través del emprendimiento agroindustrial de la Liebig´s Extract of Meat Company y del ferrocarril MIDDLAND.

Este verdadero “monumento patrimonial” de la ciudad está íntimamente engarzado con los antecedentes de aquella época en que éramos la “gran cocina del mundo”…

A pedido del Intendente de la ciudad cuando comenzaba el señero siglo del 900, el  Presidente de la LIEBIG´S COMPANY dispuso enviar a Fray Bentos el bosquejo o croquis del kiosco de hierro que ofrecía la Compañía como regalo a la ciudad. Se trataba de una réplica del escenario cuyo original había engalanado uno de los gigantescos jardines con fuentes en el Palacio de Cristal de Londres cuando la Reina Victoria inauguró la Exposición Internacional de 1856… Este “band stand”, había comenzado a distribuirse en aquellos lugares donde los ingleses tenían presencia comercial o industrial, pergeñándose un tipo de “marca” o “logotipo” británico en recuerdo de la querida reina.

De manera que, siendo el único monumento de este tipo en el Uruguay, se ha convertido en un verdadero “logotipo” con sus reminiscencias victorianas donde aquel Palacio de Cristal que fuera originalmente concebido por Sir Joseph Paxton en sólo 9 días no solamente fue un enorme Goliat gigante de hierro con miles de metros cuadrados de vidrio, sino que fue durante más de cien años, una vitrina para hacer comprender al mundo cómo y porqué la revolución industrial que había propulsado a Gran Bretaña a ser la mayor potencia del momento.

El kiosco, desarmado,  fue embarcado el 11 de noviembre de 1901 en el puerto de Cardiff y en mayo de 1902 se comenzaron los trabajos del basamento en el centro de la plaza principal de Fray Bentos que, justamente, ese año, había sido nombrada oficialmente como “Fray Bentos” , cambiando el nombre de “Villa Independencia” que se le asignara cuando fuera fundada, en abril de 1859.

 

UNA PRESENCIA BRITANICA QUE AUN HOY DIA SE VERIFICA.

 

El nombre “Fray Bentos” para los británicos, seguramente tiene una referencia relacionada a la gastronomía que a la geografía. Es decir, en Inglaterra se conoce mas el nombre por ser una marca de carnes pre preparadas y conserva de carne que por ser la denominación de una ciudad en Uruguay, Sudamérica.

Poco a poco, ha ido trascendiendo y a través de publicaciones, de comunicaciones científicas, de notas de prensa pero fundamentalmente hoy día por la internet y por las guías de turismo, se ha podido incentivar la visita a la ciudad uruguaya de personas que quieren conocer dónde nació aquella experiencia culinaria (y no tanta) que llevó el nombre de Fray Bentos.

 

CAÑONES QUE DISPARABAN VIDA…

 

Cuando hablamos de conflictos bélicos y cuando recordamos la infinidad de patrimonio cultural que ha creado toda esta actividad a través de los cientos de años, tenemos una cierta tendencia a pensar e imaginar las cosas materiales, como armas y armamentos, medios de transporte, obras de ingeniería y hasta la logística, planificaciones y tácticas militares, etc.

Siendo Uruguay uno de los países detentores de recursos alimenticios, de mano de obra y de los establecimientos industriales, los vacunos, frutas, verduras, hortalizas, esperaban solamente ser procesados para enviarlos a través del océano para alimentar no solamente a las tropas de los ejércitos sino a la población civil en momentos que Europa pasaba sus difíciles momentos desde mediados del siglo XVIII hasta mitad del siglo XX.

Muchos de quienes leen hoy día el nombre FRAY BENTOS, lo asocian al producto que consumen sin siquiera saber el origen. Hay otras personas que consideran a Fray Bentos como un recuerdo entre amargo y dulce de las épocas de la guerra. Un Embajador Británico en Uruguay nos contaba una experiencia familiar en épocas de racionamiento en Londres: “Abrir una lata de corned beef Fray Bentos era una verdadera ceremonia… como la del té para los japoneses. Hasta que todos no estábamos sentados a la mesa, no se abría la lata… Y vaya si nos costaba hacerlo… porque era como romper un encanto mágico!…”

Además de la conserva o “corned beef” en sus características latas troncocónicas, hacia 1910, la esencia de la carne vacuna y sus fibrinas y sustancias esenciales fueron puestas en una máquina de origen suizo de hacer cubos: el “OXO cube” había nacido. La propaganda decía: “los cubos de OXO son el más grande avance en la invención de comidas desde que el hombre comenzó a comer y la mujer aprendió a cocinar”.

Las latas de Cubos OXO resultaron infaltables y acaso imprescindibles en todos los hogares. Llegado el amargo momento de la primera guerra mundial, la empresa Liebig dijo haber aportado 100 millones de cubos de caldo de carne para la alimentación de los soldados, mediante un inteligente sistema con carbón que producía calor pero no humo, con lo que el soldado en las trincheras tenía su caldo de carne caliente al instante. Fueron los famosos “OXO Trench Heater” apreciados por doquier.

Según las memorias de Thomas O’Connor, un granjero canadiense que sirvió durante los años 1917 y 1919 en la Canadian Expeditionary Force, “Las raciones para los soldados, generalmente llamadas las “raciones de hierro”, se componían de una lata de carne conservada generalmente la clásica marca Fray Bentos con su llave pegada para abrirla; una lata de carne con vegetales normalmente llamada “carne para perros” o una lata de carne de cerdo con porotos; 2 (a veces tres) paquetes de biscochos duros; una onza de extracto de carne o cubos OXO; una ración de té y  un paquete de sal. Esta “presencia” de los productos en cuya etiqueta mencionaba su procedencia de “Fray Bentos”, llevó a los soldados a asumirlos como imprescindibles y como fundamentales para su subsistencia.

Caló tan hondo el nombre de Fray Bentos, que, según recogen la Griffith Universityy y el Australian National Dictionary Centre en su investigación sobre términos, palabras y coloquialismos propios de la Primera Guerra Mundial, que para referirse a algo muy bueno o alguna cosa que estaba bien hecha, los soldados decían “Fribentos”, tal como los americanos usaron el O.K. en la Segunda Guerra.

Como si fuese poco ese ejemplo, recordemos que en el 6º Batallón Británico uno de los tanques de combate del Cuerpo de Tanques, el  F-41, recibió el sobrenombre de “Fray Bentos” porque sus tripulantes se sentían dentro de él como carne enlatada de esa marca ! El tanque tuvo destacadísima actuación en la Batalla de Ypres en agosto de 1917 y fue capturado por los alemanes siendo paseado ante el Kaiser Guillermo como trofeo de guerra en la navidad berlinesa de ese año. Tal fue el heroismo emanado de este tanque y sus hazañas, que pronto se bautizó al “Fray Bentos II”, que luchó valientemente en Cambrai en 1918.

 

CUANDO EL PATRIMONIO SE DESCUBRE, SE RESPETA, SE DIFUNDE Y SE COMPARTE.

La actual ciudad de Fray Bentos, a través de su gobierno municipal, ha recibido un legado muy importante. Se trata de alrededor de 6 hectáreas de superficies techadas que tenía el establecimiento fabril ANGLO, y que fue creciendo incesantemente desde 1863 hasta muy entrada la década de 1950. Este patrimonio y no solamente  las instalaciones industriales, sino en una especie de “company town” , el pueblito de la compañía construido en las inmediaciones para dar alojamiento a los obreros y mantenerlos cercano a la fuente de trabajo, están siendo considerados como Monumento Histórico Nacional.

Quedaba dentro de este panorama, algo mucho más rico e imposible de dejar que se perdiera como las máquinas viejas oxidándose en ambientes ya desprovistos de aquellos acostumbrados rumores de motores marchando, de los mugidos de las vacas camino al matadero, y de los pitazos de los barcos en el puerto. Nos quedaba la sensación como que se perdía irremediablemente la historia del ser humano, como que se diluía en el tiempo la formación de una sociedad entera, donde aportaron sus sudores, su sangre y su trabajo obreros procedentes de más de 60 nacionalidades del mundo. Fue así que, entonces, que todo lo que creó la industria en su febril crecimiento de más de 120 años, pasó a convertirse en “patrimonio industrial”, con un inmenso bagaje de edificios, máquinas, casas y espacios ocupados por la parafernalia industrial. Todo eso es hoy día, el Museo de la Revolución Industrial.

Alrededor de diez mil personas anualmente, recorren este panorama que convoca a la imaginación y a recrear aquellos tiempos de bonanza para unos cuando otros morían y sufrían, en un eterno comportamiento del mundo y su sociedad.

Para los uruguayos y argentinos, es una muestra de cómo fuimos una gran cocina para el mundo europeo. Para los europeos, somos una parte fundamental de su historia contemporánea, cuando los recursos alimenticios sudamericanos les permitieron subsistir y salir adelante, llegando cada día más cerca a su destino de países del primer mundo….

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