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La importancia de la masonería en Fray Bentos.

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No se puede adjudicara un solo o a pocos factores la responsabilidad del crecimiento y desarrollo de una sociedad. En principio, la geografía, es la que determina la disposición del ser humano para radicarse en determinado lugar, aprovechando las mejores posibilidades de desarrollar sus actividades sociales, culturales, comerciales o industriales.

Por lo pronto, tampoco debemos dejar de lado como un elemento esencial y primordial, la organización que se dé a sí misma la sociedad o conjunto de hombres residentes en ese territorio que deben vivir armoniosamente con el ambiente que le rodea y preocupados por desarrollarse activa y positivamente.

Si no existiera un consenso, un acuerdo social entre la gente para desarrollar sus actividades, se haría inviable la creación de núcleos humanos que pudiesen soportar el desenvolvimiento de cualquier industria o proceso comercial en aprovechamiento de las bondades del territorio.

Es así, entonces, que cuando hablemos del crecimiento y desempeño de una ciudad, mucho de ello apunta a ver cómo se actuó el hombre en esta planificación de los cánones sociales que le rigen comunitariamente.

A finales del siglo XIX en aquella Villa Independencia que se encontraba recién dando sus primeros pasos como comunidad organizada, se vivió una experiencia inédita, muy favorable para el crecimiento y desarrollo como lo era la actividad industrial del Saladero Liebig.

Poco más de veinte años habían pasado desde que en estos campos no había más que unos pequeños ranchos de leñadores, mientras en las ensenadas abrigadas por las altas barrancas, decenas de barcos esperaban para cargar o descargar mercaderías o participar de un intenso tránsito internacional de personas. Circunstancias justamente, que fueron las que llevaron a entusiasmar a algunas personas para fundar la Villa Independencia y, poco tiempo después, iniciar en esta zona precisamente, una aventura comercial y empresarial para la elaboración de extracto de carne para exportación.

Tal fue el meteórico crecimiento del pueblo que en 1880 se firmó una Ley Nacional por la cual se desprendía parte del territorio del Departamento de Paysandú para darle creación oficialmente al hoy llamado Departamento de Río Negro. Esa Ley comenzó a aplicarse en el mes de julio de 1881.

Coincidente con el entusiasmo que producía seguramente el sentirse protagonistas de un hecho histórico como era “comenzar” la vida de un nuevo Departamento, la gente se sintió envuelta en una actividad social sin precedentes, donde se crearon numerosas instituciones que demuestran el deseo ferviente de organización social y comunitaria.

Pero veremos que no es por una casualidad, sino que forma parte de un proceso a que se somete la propia sociedad, enfrentando el desafío del crecimiento y del desarrollo. En un pueblo donde el Saladero convocaba centenares de personas para trabajar, Villa Independencia se había convertido en el destino de inmigrantes de diferentes naciones del mundo. Y el puerto de Villa Independencia era considerado uno de los más bien ordenados y con mayor actividad en todo el litoral del Río Uruguay. ¿Y qué hizo esta gente? Comenzó a organizarse socialmente. Y es aquí donde observamos, estudiando detenidamente los documentos históricos, cómo se hace presente una institución de gran arraigo y de gran influencia en nuestro país, inclusive desde los momentos en que se crea nuestra nacionalidad. Nos referimos a la masonería, movimiento social con fuerte raigambre europea y de innegable impacto en la conformación de las nuevas sociedades americanas a partir de preceptos que ayudaron en mucho a comprender los conceptos defendidos por la Revolución Francesa de “Igualdad”, “Fraternidad” y “Libertad”.

Estimamos, no obstante, dentro de nuestro proceso de investigación histórica, que debieron haber instancias anteriores a esto, desde el principio de Villa Independencia, si tenemos en cuenta que al menos dos de sus fundadores, Ricardo Bannister Hughes y Manuel José Errazquin, eran, a la sazón, masones activos. De hecho, Hughes está sindicado como Maestro Instalador el 23 de mayo de 1862 de la Logia Nº 29  “LUZ”, en la ciudad de Mercedes.

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Medalla conmemorativa de la Logia "Fraternidad"

En nuestra Villa Independencia, de la mano de su filosofía un grupo de personas relacionado a la masonería universal, comenzó a ayudar para lograr un ordenamiento de la sociedad. Después de haberse creado la primer Logia Masónica en Villa Independencia, llamada Logia Fraternidad y fundada el 17 de marzo de 1881, don Pedro Bartnech, zapatero de profesión, presidió la formación de la SOCIEDAD UNION ORIENTAL, el primero de Abril del mismo año, haciendo un aporte al pueblo de un centro de reunión, de sociabilidad y de instrucción, porque las intenciones primarias fueron sostener una escuela de música y una banda donde participarían los alumnos.

Pocos meses después de este hecho, las autoridades del directorio del Saladero Liebig, dieron el paso igual que fue la conformación de una sociedad musical y centro social y de educación para los obreros y los hijos de los obreros. Es así como el 23 de Julio de 1881 nace “La Estrella”, con participación de directivos, gerentes y funcionarios del Saladero como lo fueron los señores Welster, Mac Kenzie, Gans el ingeniero a cargo de la fabricación del extracto de carne, los maestros Bazterrica y Elgarresta, Mendisco, Halley y el Gerente General Otto Gunther.

No sería de extrañar, entonces, que el 1 de agosto de 1881, cuando se hizo efectiva la ley de CREACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE RIO NEGRO, hayan sido los sones de esta recién creada banda la que presidieron los actos.

LA SOCIEDAD COSMOPOLITA DE SOCORROS MUTUOS.

Al principio decíamos que esto forma parte de un proceso socio-cultural en Villa Independencia que ya tenía un antecedente muy valioso de dos años antes, cuando el carpintero francés Carlos Trousseville, en uno de los galpones del saladero, había entusiasmado con su filosofía masónica a un grupo de compañeros y formaron la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, dando socorro, ayuda y sustento moral a trabajadores de todas las naciones que no fueran Italia y España, que ya estaban organizados y pronto formarían sus propias sociedades de socorros mutuos, siguiendo los modelos de lo que ya se estaba haciendo en Montevideo, San José, Salto y Paysandú, entre otros departamentos.

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Edificio de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos.

Estaban entre los fundadores de la Sociedad, los masones Juan José Mendoza, Eustaquio Gutiérrez, Pedro Barnetch, Federico Wedekind , el Dr. Carlos Parr, y los Farmacéuticos Balduino Ruff y Luis Schickendank. Al concretar, más cercano a la culminación del siglo, el edificio de la Sociedad frente a la Plaza Constitución, donde hoy se encuentra el “Museo Luis Alberto Solari”, no omiten profusión de simbología propia en la puerta de acceso, en las paredes y en las columnas del edificio.

Don Carlos Trousseville cuando se retiró de Villa Independencia, se fue a la Argentina, radicándose en la ciudad de La Plata, donde fundó otras sociedades de socorros mutuos.

Hay interesantes antecedentes en el Río de la Plata referidos a las asociaciones para socorros mutuos. Según cita el autor Lic. Blas Juan Castelli en su libro “Cooperativas y Mutuales”, en 1854 se constituyó en Buenos Aires la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos; en 1856 la Sociedad de Socorros Mutuos San Crispín, del gremio del calzado; y en 1858 la Unión y Benevolenza, en Buenos Aires. Estas entidades aún subsisten.

Una estadística de 1875 señalaba  la existencia de 74 mutuales, así distribuidas: 27 en la Pcia. de Buenos Aires, 12 en la Capital Federal, 19 en la Pcia. de Santa Fe, 9 en la Pcia. de Entre Ríos, 6 en la Pcia. de Córdoba y 1 en la Pcia. de Tucumán. De esas 74, 25 habían sido constituidas por italianos, 14 por españoles, 7 por franceses, 3 por suizos. El resto por distintos gremios. En el año 1910, funcionaban 659 mutuales, que reunían a más de 200.000 asociados.

Los principios fundadores de estas entidades,  eran fundamentalmente tres: la asistencia económica, la asistencia médica y la difusión artística y cultural. De esta forma,  todos aquellos que habían llegado hasta estas despobladas tierras de América del Sur para probar mejor suerte, encontraban el apoyo que necesitaban para no sentirse tan lejos de sus lugares de origen, acompañados por sus conciudadanos.

LA BANDA DE “LA ESTRELLA”.

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Banda musical de "La Estrella" ingresa al predio de las romerías que se organizaban bajo la consigna de "UNION Y TRABAJO".

Esta herramienta, puesta a disposición de la sociedad, fue realmente importante. Allí tenían derecho a educarse los hijos de los obreros, los que, luego de terminados su período escolar, podían ingresar como trabajadores al saladero.

La Sociedad Musical “La Estrella” se identificó desde el principio con su banda, que cumplía con presentaciones en el barrio, en el poblado de Villa Independencia y viajaba por el río, especialmente invitada a Gualeguyaychú, a Nuevo Berlín y a Paysandú cuando las efemérides patrias. Dentro de la fábrica,  recorría los lugares de trabajo, insuflando de entusiasmo a los obreros en plena tarea. Recordamos haber leído en el Diario “La Campaña” que la banda paseó sus sones triunfales dentro de saladero, al cierre de la faena de 1895-96, festejando el verdadero récord de 177.103 animales faenados…

También, los domingos y días festivos, la Banda concurría al poblado, caminando los 4 kilómetros hasta la zona donde estaban las sedes de instituciones amigas. Pasaba primero por el municipio, luego por la Jefatura Política, después por la sociedad Italiana y entonces por la Cosmopolita, donde el grueso de las autoridades y asociados de cada uno se le sumaban en una caravana multicolor presidida por banderas y pendones. Cuentan las crónicas que en cada lugar, los músicos eran agasajados brevemente con un vino o un oporto, cuando no lo que se llamaba un “ambigú” que era algo así como lo que nosotros hoy día llamados “lunch”.

La Banda de “La Estrella” en lo que hoy es la Plaza Constitución, hacía sus retretas en el centro mismo, aún años antes que alguien se imaginara que allí iba a lucir el kiosco victoriano que le donara el saladero a la comunidad. En medio de cohetes, bombas y fuegos artificiales, los 20 de setiembre, iba la música y la alegría a festejar con los italianos, como también llenaba el aire con tonadas fúnebres cuando algún suceso internacional aquejaba a alguna de las comunidades que formaban la trama social fraybentina.

En junio de 1897, cuando se inauguró la línea telefónica, los sones musicales de la banda de La Estrella se trasmitieron hacia Paysandú y Salto, siendo los primeros sonidos musicales fraybentinos que surcaron el éter.

Quizá lo más recordado en las crónicas periodísticas de finales del siglo XIX y principios del XX, son las fiestas que el Saladero promovía para todos los meses de diciembre de cada año, para recordar el aniversario de “La Estrella”. Con días de anticipación, los vecinos y sus hijos armaban un gran arco de madera en el Arroyo Laureles y otro en la barranca por donde hoy pasa la ruta panorámica, resaltando con ramas, palmas y flores, en gran dimensión, los indudables símbolos de la masonería de la escuadra y el compás entrecruzados. Así, durante tres días, en un ámbito de “UNIÓN Y TRABAJO” como rezaba el cartel de bienvenida, se realizaban las famosas “romerías”. Decenas de carpas hechas por cada sociedad invitada, servían a la noche, adornados por multicolores farolitos venecianos para bailes y fiesta corrida, premiándose la carpa más original.

Recordamos, leyendo diario de la época, que en las romerías de 1899 se entregaron mas de 50 medallas de oro acuñadas en Londres a obreros y empleados al haber cumplido 25 años de labor. En los festejos se consumieron 800 litros de cerveza uruguaya, dice el diario.

“Terminada la fiesta, la banda musical de “La Estrella”, con todo el pueblo detrás, que gritaba en la madrugada vivas y larga vida a las instituciones, recorría el camino hacia el puerto de Villa Independencia para acompañar y despedir a la Banda Musical “Italia Unita” de Gualeguaychú, a la que al principio de la fiesta habían ido a recibir con centenares de vecinos de la vecina hermana ciudad entrerriana que venían a disfrutar de momentos de expansión y esparcimiento con familiares y amigos residentes en Villa Independencia…”  (!Qué tiempos aquellos! Deberíamos agregar, sin que ello se interprete como alusión a nada de lo que nos pasa hoy día…)

Eran tiempos en que el río no era frontera. Cuando se cruzaba mucho más fácil que hoy. Con novios del otro lado, con casamientos que unían familias, con clubes sociales que se llamaban de igual manera en ambas costas, cuando se entendía que el progreso es un derecho de los pueblos y ayudarse a crecer era la linda filosofía que nos permitía enfrentar al mundo. Los muebles de la Logia Masónica de Fray Bentos vinieron como regalo desde la de Gualeguaychú.

“La Estrella” con su moderna y amplia sede social, también servía para recibir a autoridades militares y civiles, así como a tripulaciones de barcos que regularmente venían, para presentar sus saludos a los que sucesivamente fueron ocupando los cargos de Cónsules Generales de Alemania y de Gran Bretaña y que residían en la “Casa Grande”.

Ni qué decir si nos venimos a épocas más o menos contemporáneas, cuando estos hermosos salones se manifestaban repletos de luces, sonidos y algarabía en las muy famosas fiestas de caranaval o en el inefable “baile de fin de año” donde había que concurrir de traje y de corbata, disfrutando del amplio patio posterior con el escenario y el pequeño kiosco para la banda creando un ámbito más propicio para orquestas bullangueras en las noches de febrero.

En fotos de 1897, momentos en que la población estaba angustiada porque se decía que una de las batallas entre las fracciones de blancos y colorados iba a suceder en las cercanías, las esposas de conspicuos hombres de villa Indpendencia, en el local de la Sociedad “La Estrella”, prepararon vendas, sábanas y ropa de abrigo en la que se llamaba “Sociedad de Beneficencia” para mandarles a los heridos en las cruentas batallas de esa guerra civil…

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